Un nuevo microchip conecta sus procesadores con fibra en vez de cobre

Un nuevo microchip conecta sus procesadores con fibra en vez de cobre

A la vista de este importante avance, cualquiera que haya cambiado su viejo y lento ADSL por la veloz fibra óptica en su conexión a Internet puede imaginar la relevancia del nuevo microchip, creado por un grupo de investigadores estadounidenses. Las conexiones entre sus componentes no son mediante hilos de cobre, sino por medio de nanofibras ópticas por las que los datos viajan en pulsos de luz y no como señales eléctricas. El nuevo chip promete acelerar la transmisión de datos varios órdenes de magnitud a la vez que reducir el consumo de energía.

Echando la vista atrás, podemos decir que desde la invención del transistor en los años cuarenta, las revoluciones de la computación y las telecomunicaciones han ido de la mano de la electrónica. Sin el movimiento de los electrones sobre un soporte físico, generalmente cable de cobre para transmitir instrucciones o datos y ejecutar programas, no habría habido ni la una ni la otra.

Las limitaciones físicas del cobre (conecta todo el circuito pero este material no puede empequeñecerse más) han llevado a científicos e ingenieros de universidades y grandes empresas como Intel e IBM a fijarse en la capacidad de los fotones de la luz para transmitir información. Al sector de las telecomunicaciones le ha ido muy bien el uso de la fibra óptica para canalizar estos pulsos de luz. El problema es reducir la fotónica a un microchip de unos milímetros con millones de transistores que operan con corriente eléctrica sobre cobre. Además, a pesar de sus cualidades como material semiconductor, el silicio del que está hecho todo chip no destaca por sus propiedades ópticas. Y, encima, los dispositivos fotónicos son aún más grandes que los electrónicos. Es casi como mezclar agua y aceite, pero un grupo de personas lo ha conseguido.

Este grupo, la mayoría investigadores de algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, ha creado un microchip de 6×3 milímetros donde han metido 70 millones de transistores y, sobre la misma placa de silicio, otros 850 componentes fotónicos. En esta unión entre electrónica y fotónica, los transistores se encargaban de procesar la información y los dispositivos fotónicos de transportarla entre los distintos procesadores.

En palabras del profesor Vladimir Stojanovic de la Universidad de California, quien ha liderado el proyecto, “se trata de todo un hito. Es el primer procesador que usa luz para comunicarse con el mundo exterior”. El microchip logró una velocidad de transferencia de 300 gigabits por segundo, hasta 50 veces más que algunos de los procesadores electrónicos que se pueden encontrar en el mercado. Además, se mostró muy eficiente en el consumo energético.

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